El doble filo de la transición: La minería del cobre dispara su consumo eléctrico para llevar agua de mar a la cordillera
Un reciente informe de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) encendió las alertas sobre el futuro energético de la gran minería nacional. Entre 2015 y 2025, el sector experimentó un incremento del 27,3% en su demanda de energía, alcanzando los 210,6 petajoules (PJ), impulsado principalmente por el esfuerzo operativo de procesar más material y asegurar recursos hídricos en zonas de altura.
Claves del reporte energético
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La paradoja de la producción: El salto en la demanda energética ocurrió pese a que la producción de cobre fino pasó de 5,77 a 5,39 millones de toneladas en la década. El fenómeno responde a la necesidad de mover mayores volúmenes de mineral de menor ley, lo que elevó la intensidad energética en un 36%.
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El agua de mar dispara el consumo: El uso de recursos hídricos alternativos se convirtió en el proceso de mayor crecimiento industrial. La energía asociada al bombeo de agua de mar se multiplicó por 5,6, dominada por el colosal desafío técnico y energético de impulsar el caudal hacia las faenas cordilleranas.
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El desafío pendiente del diésel: Por primera vez, los combustibles superaron levemente a la electricidad en la matriz sectorial. El diésel concentró el 93% de este consumo —principalmente debido a la flota de camiones de extracción a rajo abierto—, consolidándose como la piedra en el zapato para las metas de descarbonización.
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Avance renovable: En la vereda opuesta, la industria muestra avances en su suministro eléctrico: el 80,1% de la electricidad consumida ya cuenta con certificación de origen renovable, mitigando el impacto en plantas concentradoras y procesos de fundición.
Los datos de la Encuesta Minera de Producción, Agua y Energía (EMPAE) confirman que la minería chilena navega por una profunda transformación estructural, donde mitigar la crisis hídrica mediante la costa exige, inevitablemente, un pacto energético mucho más ambicioso.

